Soy un enamorado del vino.
Siempre tuve la fantasía de que posee un alto poder religador, una capacidad de conexión con sentires profundos y personales. Tal vez, por esa activa conexión que tiene con la tierra que hizo crecer a la uva, genere una transfusión de esa misma lógica con el hombre que lo toma: lo conecta consigo mismo, con su raíz, su esencia, por así decirlo. Pero eso era tan sólo mi fantasía... Y sin embargo, esa misma “lógica del vino” fue la que nos permitió hacer esta película. Gracias a ella pudimos abrir el mundo de la vid para conocer sus múltiples facetas, pero por sobre todo abrir un mundo más importante aún, el de un personaje real, Charlie Arturaola. Allí apareció la historia que queríamos contar. Allí apareció el tema del que queríamos hablar. Esa historia que sin hacer ningún esfuerzo semántico, sin maniqueísmos, con sólo mostrarse, deja que se entrevea el sentido; fuerte, robusto, pero intrínseco. Charlie tiene un conflicto potente: lucha por pertenecer a una industria que ama pero que le exige que deje de ser lo que es.
Sencillamente: eso es. Charlie debe renunciar a sí mismo si quiere pertenecer. De ahí, la pérdida del paladar. Porque si el paladar, uno de los dos sentidos más primarios del hombre, es la conexión con los primeros perceptos personales del pasado, si uno niega su identidad, niega su paladar. Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, que se hace presente cada vez que usamos nuestros sentidos. Pero si se niega la memoria, se niega también el sentido. Carlos se transformó en “Charlie”, un showman, sin pasado, teniendo como consecuencia la pérdida de lo más fundamental: sus raíces, su herencia social y su familia.
Por eso la búsqueda del paladar deviene de a poco en la búsqueda de su identidad. Tenemos la suerte de que Charlie se abrió con una honestidad brutal frente la cámara y develó su drama más íntimo, desplegando un universo de personas reales, intensas, que llenan cada espacio del drama con su autenticidad irrepetible. Había escuchado aseveraciones acerca del borroso límite entre el documental y la ficción pero es a partir de ésta experiencia en la que puedo atestiguar que no son sólo términos pobres, obsoletos, si no más bien, innecesarios. En este caso la ficción es una grieta para que emerja la realidad. Como decía un poeta: “La realidad sólo se revela cuando es iluminada por el rayo de la poesía”.
Antes de cualquier estreno, la pelicula ya cumplio su objetivo, cambió a varios de los que atravesó, entre ellos a Charlie, sin duda, pero por sobre todo a mí, que quizás me quede siempre un poco mas cerca de mis orígenes, de mis herencias, conectado a mi paladar.
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